Poema para una abuela que escribe
Escribo en la cocina, cuando nadie mira. La letra es de la abuela: larga, con vuelo, paciente.
Ella firmaba sin dueña al dorso de las recetas, poemas de una página que nadie leyó en voz alta.
Yo heredé su cuaderno y la costumbre del silencio. El duende hojea conmigo cada línea que se atreve.
Alguien tenía que decir que las abuelas también soñaron. Por eso escribo — para que Josefa, al fin, sea leída.
— ¿Te quedaste a mitad de camino? —
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